La hidratación y la enfermedad

15 Jul 2021

Dra. Beatriz Gandal

Medico especialista en Geriatría en el HUNS de Candelaria en Tenerife

La mejora de las condiciones socioeconómicas en España ha contribuido a una mayor esperanza de vida. Según el Instituto Nacional de Estadística, el 18,6% de la población española tiene más de 65 años y la tendencia es que este porcentaje aumente.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud de España, alrededor del 50% de los ancianos padece hipertensión, el 20% sufre enfermedades coronarias y diabetes y el 30% dislipemia. Además, al ir cumpliendo años es cada vez más habitual tener dos o más enfermedades simultáneamente.

Son numerosos los fármacos que tienen entre sus efectos secundarios la deshidratación. De todos ellos, destacan los diuréticos, la metformina, los laxantes o los corticoides, ampliamente utilizados para el tratamiento de la hipertensión, la diabetes, el estreñimiento o las enfermedades reumatológicas.

El agua es un nutriente esencial para la vida y el componente más abundante del cuerpo humano, es necesaria prácticamente para todos los procesos fisiológicos del organismo. Los estudios clínicos han mostrado los beneficios de una hidratación adecuada y los perjuicios de su desequilibrio, tanto por defecto (deshidratación) como por exceso (sobrehidratación).

El riesgo de deshidratación aumenta entre los mayores más ancianos, frágiles o dependientes El 40-92% de los que viven en residencia y el 5-10% de los que viven en domicilio tienen una ingesta hídrica inadecuada.

Las manifestaciones de la deshidratación son muy variadas dependiendo de la situación basal de la persona afectada y la gravedad, la rapidez y la causa de la deshidratación. Entre los síntomas más habituales destacan, boca seca o pegajosa, sequedad de piel, disminución de la frecuencia al orinar, oscurecimiento de la orina, infecciones de orina, estreñimiento o cefalea.

Existen señales que muestran que la hidratación puede ser más severa, como el aumento de la frecuencia cardiaca, hipotensión, micción dolorosa, espasmos musculares, delirio, pérdida de fuerza, ojos hundidos, pérdida de la consciencia o desmayos, mareos, falta de energía, dificultad respiratoria, problemas visuales, disminución de la movilidad… Ante estos síntomas debemos acudir de inmediato a un servicio de urgencias médicas.

En el caso de personas dependientes son los cuidadores los que deben implicarse en mantener una adecuada hidratación. Las consecuencias de un golpe de calor o de una deshidratación grave en estas personas suponen una mortalidad superior al 50% si es necesario un ingreso hospitalario.

Los factores que favorecen la deshidratación entre las personas dependientes son:

  • La incapacidad para acceder al agua por incapacidad física, problemas visuales o alteraciones cognitivas. Debemos dejar siempre el agua en un lugar bien visible y a su alcance. Además usar vasos o botellas adaptados y de colores llamativos tanto para evitar que se les pueda derramar como para que les llame la atención.

  • La incontinencia urinaria hace que algunas personas eviten la ingesta hídrica especialmente en la tarde-noche o si están fuera de casa. Se debe tratar para que no sea un obstáculo en la hidratación y en caso de personas dependientes realizar un cambio frecuente de pañales y ofrecer asistencia periódica para el uso de WC.

  • Las dificultades de deglución asociadas a ciertas enfermedades neurológicas (demencia, ICTUS...),dificultan la ingesta de líquidos. Existen productos como espesantes o aguas gelificadas que pueden ayudar a vencer esas dificultades. Hay que tener clara la diferencia entre gelatinas y aguas gelificadas, las gelatinas no son seguras para la hidratación en personas con problemas de deglución (al no ser estables a todas las temperaturas) mientras que las aguas gelificadas sí.

  • Ciertas patologías agudas principalmente infecciosas que cursan con fiebre, vómitos o diarrea  favorecen la deshidratación por la pérdida de agua que conllevan.

  • El consumo de determinados fármacos principalmente diuréticos o laxantes.

Una recomendación nutricional básica para prevenir la deshidratación es incluir tanto en las comidas como en las cenas un plato de sopa o puré y de cara al verano consumir frutas como el melón o la sandía que tienen el 95% de agua y platos como el gazpacho.

En casos leves el tratamiento de la deshidratación es la ingesta de agua por boca y en ciertos casos una revisión del tratamiento farmacológico. El agua empleada puede ser del grifo o se puede optar por aguas envasadas, preferiblemente agua mineral natural siguiendo las recomendaciones de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. En situaciones graves es preciso el ingreso hospitalario porque hay que buscar otras vías para la rehidratación (colocación de una sonda nasogástrica o sueroterapia subcutanea o intravenosa). Estos procedimientos invasivos no están exentos de complicaciones (infecciones, hematomas...).

Podemos concluir pues, que entre las personas mayores hay que prestas especial atención a una adecuada hidratación hasta el punto de prescribir y garantizar su consumo, como si de un medicamento se tratase.

Factores de riesgo para deshidratación 

  • Ser mayor de 85 años  
  • Ser mujer  
  • Ser frágil, dependiente o tener discapacidad física  
  • Estar encamado o tener dificultad para acceder al agua  
  • Sufrir alteraciones sensoriales (problemas de visión o audición).  
  • Tener problemas de deglución, usar de sonda nasogástricas o gastrostomía percutánea.  
  • Tener deterioro cognitivo o demencia.  
  • Tener ≥ 5 enfermedades crónicas (p.e. diabetes, hipertensión, insuficiencia cardiaca o insuficiencia renal)  
  • Tomar > 4 fármacos al día  
  • Estar en tratamiento con diuréticos, laxantes o fenitoína  
  • Estar en situación de aislamiento social  
  • Vivir en centros residenciales  
  • Tener antecedentes de deshidratación o desnutrición  
  • Sufrir un proceso infeccioso especialmente si cursa con fiebre, nauseas, vómitos o diarrea  
  • Tener heridas o ulceras crónicas  
  • Sufrir incontinencia urinaria o fecal 

Bibliografía

  1. American Medical Directors Association, A., Dehydration and fluid maintenance in the long-term care setting. 2009.

  2. Masot O, Iglesias Millán A, Nuin C, Miranda J, Lavedán A, Botigué T. ¿Cómo mejorar la hidratación y la ingesta hídrica en las personas mayores institucionalizadas? Una revisión de la literatura científica. Nutr Hosp 2018;35(6):1441-1449.

  3. Salas-Salvado J, Maraver F, Rodríguez-Manas L, Saenz de Pipaon M, Vitoria I, Moreno LA. Importancia del consumo de agua en la salud y la prevención de la enfermedad: situación actual. Nutr Hosp 2020;37(5):1072-1086.

  4. Guía de Buena Práctica en Geriatría. Hidratación y salud. 2011.

  5. Hoen, L.; Pfeffer, D.; Zapf, R.; Raabe, A.; Hildebrand, J.; Kraft, J.; Kalkhof, S. Association of Drug Application and Hydration Status in Elderly Patients. Nutrients 2021, 13, 1929. https://doi.org/10.3390/ nu13061929

 

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