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Cuidando el corazón y el cuerpo: la importancia de la nutrición en el manejo de la insuficiencia cardíaca

14 Jul 2023
Insuficiencia cardiaca recomendaciones nutricionales Fresenius Kabi

La insuficiencia cardiaca es una enfermedad que afecta a gran parte de la población mundial, especialmente a la población mayor de 65 años.
 

La insuficiencia cardiaca es un síndrome clínico común que se produce cuando el corazón deja de bombear sangre rica en oxígeno al resto del cuerpo de forma eficiente. Cuando esto sucede, las consecuencias pueden ser graves: intolerancia al esfuerzo, disnea o dificultad para respirar y tendencia a la congestión o retención de líquidos que provoca aún más disnea, disfunción de los distintos órganos y episodios de deterioro agudo1  que acaban en ingreso hospitalario o el fallecimiento. 

La repercusión de esta enfermedad en las personas con esta patología es muy importante ya que su mortalidad es elevada, similar a la de cánceres como el colorrectal o el de mama. Además, afecta la calidad de vida, tanto por los ingresos repetidos, consecuencia de las descompensaciones que se pueden llegar a tener a raíz de la intolerancia al esfuerzo, como por la desnutrición que se puede llegar a producir, debido a la reducción de la ingesta por falta de apetito o rechazo a la comida, así como a un aprovechamiento menos eficiente de lo ingerido. Por ello es importante incluir en el tratamiento un tratamiento nutricional adecuado ya que la desnutrición empeora el pronóstico al aumentar la intolerancia al esfuerzo y la fragilidad ante cualquier agresión. 

¿Y cómo afrontamos este reto, cómo luchamos contra esta desnutrición previsible y progresiva? 

Las indicaciones nutricionales que se dan habitualmente están más centradas en qué nutrientes evitar, como evitar la sal en general, disminuir la ingesta de potasio en personas con enfermedad renal o ciertos tratamientos, o la reducción de ciertas verduras en pacientes tratados con anticoagulantes, lo que no hace más que dificultar aún más la alimentación al hacer más monótona la dieta, reducir palatabilidad o hacer casi imposible alcanzar unas cantidades suficientes de ciertos nutrientes. ¿Cómo vamos a comer 5 piezas de vegetales si hay que evitar las verduras de hoja verde y las frutas ricas en potasio, como plátanos, cítricos o tomates? Además, muchas de estas recomendaciones tienen escaso soporte en la evidencia disponible.

Esta situación de falta de información concreta y práctica está cambiando y cada vez vamos teniendo más evidencia a partir de la cual dar recomendaciones concretas. No de nutrientes aislados, sino de pautas completas de alimentación:

Recomendaciones para crear una pauta de alimentación

  • El patrón dietético con más evidencia es la dieta mediterránea: una base fundamental a partir de alimentos vegetales, frutas, verduras, frutos secos y legumbres, complementada con un consumo frecuente de pescado, cereales integrales, aceites de origen vegetal como oliva o girasol, y un consumo ocasional de carne que permita alcanzar una ingesta suficiente de proteínas. El consumo de carnes procesadas (embutidos, salchichas, etc.), alcohol y alimentos procesados debe ser ocasional y reducido al mínimo posible.

  • Libertad en la elección de alimentos:  evitando las restricciones alimentarias que favorecen la pérdida de apetito, excepto en los casos en los que tengamos una indicación muy concreta.

  • Establecer unos objetivos concretos de ingesta calórica y proteínas. En caso de no alcanzarlos, es el momento de plantearnos el uso de suplementos nutricionales orales (SNO).

En resumen, es importante estar atentos a la situación nutricional de las personas con insuficiencia cardiaca, pues tienen a su alrededor múltiples factores que pueden llevar hacia ella, desde la propia patología hasta efectos secundarios de los tratamientos, o ciertas recomendaciones dietéticas arrastradas por la costumbre. Olvidémonos de restricciones de nutrientes y centrémonos en un patrón de dieta mediterránea, variado y lo más libre posible de alimentos procesados. Si a pesar de ello no conseguimos una correcta alimentación, porque no alcanzamos una ingesta adecuada en calorías o proteínas, o porque seguimos perdiendo peso y fuerza de manera inexplicable, debemos solicitar apoyo por nuestro médico o nutricionista de referencia porque puede ser el momento de iniciar suplementación oral. De esta forma mejoraremos tanto el pronóstico de los pacientes como su calidad de vida, al hacer más apetecible y saludable su alimentación. 

Causas de la desnutrición en personas con insuficiencia cardiaca 

La cronicidad de la insuficiencia cardiaca (IC) representa un reto debido a varios episodios que se pueden suceder a lo largo de la enfermedad.

Entre ellos destaca un ingreso hospitalario que pueda terminar en la UCI. Sin embargo, existen otros factores que al principio pueden pasar desapercibidos y serán fundamentales en la evolución y la calidad de vida a largo plazo.

La desnutrición, una afectación silenciosa

Uno de los problemas más frecuentes a los que se enfrenta una persona con IC es la desnutrición, consecuencia de distintos factores.

Factores que afectan el estado nutricional del paciente con IC

  • La perfusión intestinal: La disminución del flujo sanguíneo en personas con esta condición disminuye la cantidad de oxígeno que llega a las células digestivas y esto provoca un daño en el sistema digestivo, conocido como anginas intestinales , que acaba por disminuir su apetito.
  • La congestión o edema: Producto de la misma enfermedad el paciente puede experimentar congestión o acumulación de líquidos en el tracto digestivo (estómago, asas intestinales, hígado) lo que provoca sensación de plenitud y saciedad con pequeñas cantidades de alimento y dificulta la absorción y procesamiento de sus nutrientes. 

  • La inflamación crónica: Este estado dificulta la asimilación de algunos oligoelementos como el hierro y disminuye el apetito de los pacientes.

  • Los medicamentos y la enfermedad: La propia enfermedad y algunos de los medicamentos que forman parte del tratamiento provocan cambios en la percepción de los sabores que conllevan a una menor inapetencia. 

  • Las recomendaciones dietéticas: Un gran número de pautas dietéticas recomendadas solo incluyen los alimentos que no se deben consumir, hecho que interfiere en la percepción que estas pautas son  restricciones y no como alternativas a una alimentación más saludable. Por lo que, finalmente las personas con insuficiencia cardiaca dejan de comer paulatinamente u optan por consumir alimentos con calorías vacías.

En conjunto, estos factores llevan de manera más o menos lenta hacia la desnutrición. En los casos más extremos a lo que se conoce como caquexia cardial2 .

Estrategias para evitar la desnutrición en este tipo de pacientes

  1. Evitar las restricciones alimentarias sin base científica, y dar la libertad a quienes padecen de esta patología para elegir qué prefiere comer dentro de un patrón de dieta mediterránea. Las restricciones de agua, sal y otros iones como el potasio, hay que tomarlos dentro de un enfoque laxo, es decir, evitando un consumo excesivo más que forzando una restricción total.

  2. Repartir la comida en más ingestas de menor tamaño.

  3. Es importante que llevemos un registro escrito, sobre todo en las primeras fases de la enfermedad, de las ingestas reales, pues es la única forma de ser conscientes de si los aportes de calorías, proteínas y otros nutrientes son adecuadas o no antes de que la desnutrición sea evidente.

En caso de observar que las ingestas son inadecuadas, debes contactar al equipo sanitario de tu Centro de Salud o de tu Unidad de Insuficiencia Cardiaca. Estos equipos tienen la preparación para indicarte los suplementos nutricionales orales adecuados para tu patología, que te ayudarán a complementar la alimentación normal.

Estos suplementos son eficaces mejorando la calidad de vida de las personas que los consumen y su capacidad funcional, especialmente tras los ingresos hospitalarios y si se inician de manera precoz.

1 Edema de pulmón
2La angina intestinal es una crisis de dolor abdominal desencadenado con frecuencia después de una ingesta alimentaria y con los mismos factores predisponentes que la angina de pecho

 

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