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Microbioma, probióticos y prebióticos

16 Sep 2021
Las Palmas de Gran Canaria

Dr. Javier Alonso Ramírez

Médico Especialista en Geriatría en el Hospital Insular de Lanzarote.

Dña. Cristina Cazorla Guillén

Dietista-Nutricionista en el Centro Hebe.

Dr. Francisco Javier Balea Fernández

Médico interno residente en geriatría y neuropsicólogo en el Hospital Insular de Lanzarote.

De forma coloquial se utilizan los términos microbioma y microbiota indistintamente, pero existen sutiles diferencias. La microbioma hace referencia a los microorganismos que viven en un entorno determinado, sus genes y las condiciones ambientales circundantes. Por otra parte, la microbiota únicamente incluye a los tipos de microorganismos que viven en un entorno específico. Dentro de estos microorganismos se encuentran las bacterias, hongos, protozoos, virus y arqueas. Aunque a menudo este concepto se asocie a patógenos, algunos microorganismos son imprescindibles para el mantenimiento de la salud de las personas.

La microbiota intestinal es la más abundante y variada que existe en el cuerpo humano. En concreto, entre 1 y 2 kg de nuestro peso corporal corresponde a millones de diferentes microorganismos que habitan en el colon y en el recto. De ahí su importancia en la salud del ser humano. Su composición en las personas varia, incluso se producen cambios en las diferentes etapas de una misma persona (imagen 1), lo que provoca que conocerla bien sea difícil. El intestino permanece estéril hasta el momento del nacimiento, momento en el que se empieza a producir la colonización de los microorganismos.  

Nuestra microbiota 

Los microorganismos que residen en el organismo de cada persoa una seña de identidad singular y única. El tipo, localización o la cantidad varía de unas personas a otras y se verán influenciado por multitud de factores; endógenos (genética) y exógenos (ambiente y estilos de vida), que se detallan a continuación2,3:  

  • Genética: durante los primeros años de vida se produce la mayor parte de colonización de microorganismos en el ser humano. La influencia del genoma humano en la proliferación microbiana es escasa si se compara con la influencia de los factores ambientales y el estilo de vida. 

  • Microambiente corporal: existen diversos mecanismos que pueden alterar el ecosistema de estructuras, como la piel, que se ve afectada por la limpieza excesiva, o la vagina, cuyo microbioma se puede ver alterado según la fase del ciclo menstrual de una mujer o por infecciones. 

  • Dieta: el tipo de alimentación es, probablemente el factor más estudiado en las alteraciones de la microbiota intestinal. Actualmente se conoce la implicación de la microbiota digestiva en la concentración de la hormona “leptina”, que es la responsable del apetito. Esto es un avance en cuanto al estudio de la relación entre microbioma y obesidad. Resulta de gran interés conocer como existen diferencias en la elevación de la glucosa de un mismo alimento, según el tipo de microbiota que tenga cada individuo. Un alto consumo de alimentos de origen vegetal (frutas, hortalizas y verduras) aportan fibra dietética que no es absorbida en el intestino. En el colon estos alimentos son fermentados por bacterias que producen ácidos grasos de cadena corta (ACGG). Estos metabolitos resultantes sirven de fuente de energía a las células del colon, tienen un efecto antiinflamatorio y ayudan a la regulación del peso corporal. 

En ocasiones se produce un desequilibrio en la composición y la función de la microbiota intestinal, denominado “disbiosis”. Este fenómeno es más frecuente en edades avanzadas y aumenta el riesgo de que proliferen las bacterias patógenas 4,5.  Durante el envejecimiento esto suele ocurrir por diferentes motivos: 

  • Disminución del gusto y olfato: estos sentidos se ven mermados con el paso de los años. Esto produce un aumento en la apetencia por alimentos con mayor contenido en grasas o azúcares. 

  • Cambios en el funcionamiento del aparato digestivo: existen diferentes motivos que alteran la absorción y digestión de los nutrientes, entre ellos destacan la alcalinización de los ácidos estomacales o el alto consumo de fármacos, que interaccionan con los nutrientes. 

  • Alteraciones a nivel orofaríngeo: la falta de piezas dentales puede producir cambios en la dieta de las personas, disminuyendo el consumo de productos de difícil masticación (por ejemplo, las frutas). Los problemas de disfagia generan una dieta menos variada y más monótona en esta población. Todo esto, unido a los cambios en el sentido del gusto, incrementan el consumo de bollería, pan de molde y otros alimentos con alto valor energético, pero poco nutritivos. 

  • Cambio de residencia: cuando se produce una institucionalización en las personas mayores, el tipo de dieta se modifica radicalmente. Esto produce un cambio en la población microbiana del intestino, lo que produce dificultad en la digestión y absorción de los nutrientes. 

  • Antibióticos: el abuso de la antibioticoterapia de amplio espectro actúa contra microorganismos habituales y produce una disminución de la microbiota intestinal local que tiene funciones beneficiosas para la salud. 

En el envejecimiento se observa un cambio en la composición de la microbiota intestinal que ayuda a generar un estado proinflamatorio que propicia el sobrecrecimiento de baterías especialmente anaerobias que no son beneficiosas para la salud. Todo este cambio en el equilibrio intestinal o disbiosis cursan con: 

  • Disminución de los niveles AGCC (acetato, propionato y butirato). Disminuye la motilidad intestinal. 

  • Aumento de ácido láctico y metano. Se enlentece el tránsito intestinal. 

El papel de la nutrición es crucial en el envejecimiento. El sistema inmunológico del adulto mayor puede verse comprometido por diferentes alteraciones de la microbiota intestinal, provocando un deterioro en la salud. Por este motivo, se debe dar más importancia a la alimentación en esta fase de la vida, incluyendo una intervención con probióticos y prebióticos. 

La OMS (Organización Mundial de la Salud) define a los probióticos como “microorganismos vivos que confieren beneficios en la salud del hospedador cuando son administrados en una cantidad adecuada”. Los probióticos los podemos encontrar de forma natural en los lácteos (yogur, queso leche) y en los alimentos fermentados como la Kombucha, kéfir o el chucrut.  

Sin embargo, debe ser diferenciado del concepto de prebiótico, que hace alusión a “aquellos ingredientes no digeribles que benefician al organismo, mediante el crecimiento y/o actividad de una o varias bacterias en el colon, mejorando la salud”. Entre ellos destacan algunos carbohidratos como los galactooligosacáridos (GOS), fructooligosacáridos (FOS) o la inulina. Muchos de estos elementos se encuentran de forma abundante en las frutas y las verduras. 

Estos componentes funcionan de la siguiente manera 5,6

  • Normalización del tránsito intestinal

  • Producen un efecto barrera en el intestino, lo que hace que disminuyan los microorganismos patógenos. 

  • Regularización del apetito y mejora de las alteraciones digestivas (diarrea y estreñimiento). 

  • Mejora del estado de salud. Fortalecen el sistema inmunológico y mejoran el rendimiento cognitivo. 

Referencias bibliográficas 

  1. Robles-Alonso V, Guarner F. Progreso en el conocimiento de la microbiota intestinal humana. Nutr Hosp. 2013;28(3):553-7  

  1. García-Mazcorro JF. et al. Caracterización, influencia y manipulación de la microbiota gastrointestinal en salud y enfermedad. Gastroenterol Hepatol. 2015; 38(7): 445-466.  

  1. Wolters M, Ahrens J, Romaní-Pérez M, Watkins C, Sanz Y, Benítez-Páez A, Stanton C, Günther K. Dietary fat, the gut microbiota, and metabolic health – A systematic review conducted within the MyNewGut project. Clin Nutr. 2019; 38(6): 2504-20 

  1. Ribera Casado JM. Microbiota intestinal y envejecimiento: ¿un nuevo camino de intervención?  Rev Esp Geriatr Gerontol. 2016; 51 (5): 290-95. 

  1. Claesson MJ, Jeffery IB, Conde S, Power SE, O’Connor EM, Cusack S, et al. Gut microbiota composition correlates with diet and health in the elderly. Natura. 2012; 488 (7410): 178-84. 

  1. Álvarez G, Marcos A, Margolles A, editores. Probióticos, prebióticos y salud: evidencia científica. Madrid: Sociedad Española de Probióticos y Prebióticos; 2016. 

  1. M. Gómez-Eguílaz, J.L. Ramón-Trapero, L. Pérez-Martínez, J.R. Blanco. El eje microbiota-intestino-cerebro y sus grandes proyecciones [REV NEUROL 2019;68:111-117]. 

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