La vitamina D y el sol

23 Dic 2021
Sevilla

Dr. Fernando Garrachón Vallo

Medicina interna  en el Hospital Universitario Virgen Macarena.

La vitamina D es un grupo de sustancias, unas más activas que otras, con un metabolismo complejo. Una de las afirmaciones más habituales es la de que la vitamina D proviene del sol ¿Es esto cierto? Pues, en realidad, lo que ocurre es lo siguiente: el hígado produce una sustancia a partir del colesterol, que se llama 7-deshidrocolesterol, que se deposita en las capas externas de la piel. La luz del sol – concretamente, la radiación ultravioleta B – trasforma este 7-deshidrocolesterol en otra sustancia que se llama Provitamina D3, que, con el calor del cuerpo, se transforma en Vitamina D3 y vuelve al hígado. Ahí se transforma en 25(OH)colecalciferol – que suele ser la sustancia que se determina en los análisis de sangre – y, en el riñón, sufre un nuevo proceso metabólico para convertirse en 1,25(OH)2colecalciferol (o calcitriol) que es la forma predominante en sangre y la más activa. Así que es verdad, el sol tiene mucho que ver con la obtención de Vitamina D; de hecho, la mayor parte de la Vitamina D que tenemos en muestro cuerpo se genera de esta forma. 

Pero el efecto del sol tiene varias condiciones: 

  • Hay que exponerse al sol un tiempo determinado, sobre el que hay numerosas opiniones: hay quien recomienda que basta con que nos dé el sol 15 minutos tres veces en semana en la cara y las manos, y quien considera que deben ser 20 minutos diarios en manga corta y pantalón corto. Sea cual sea la opción que consideremos acertada, se trata siempre de periodos de tiempo cortos. De hecho, la exposición prolongada al sol degrada la vitamina D formada, es decir, que aunque nos pongamos más tiempo al sol no vamos a conseguir más vitamina sino, quizá, menos, y además nos arriesgaremos a los efectos perjudiciales del sol. 

  • Como comentamos, es la radiación ultravioleta B es la que produce la reacción química. Estos no son los rayos UVA que nos ponen morenos. Los rayos UVB son detenidos por el cristal, así que, si tomamos el sol detrás de una ventana, podemos ponernos morenos, incluso sufrir quemaduras solares, pero no habremos producido nada de vitamina D. 

  • Los rayos UVB se quedan fácilmente en la atmósfera. Si el sol nos llega con un ángulo oblicuo, tendrá que atravesar más atmósfera, y recibiremos pocos UVB. Esto explica por qué, mientras más alta es la latitud – más cercanos estamos a los polos de la Tierra – sintetizamos menos vitamina D. La latitud a partir de la cual empieza a notarse este efecto se sitúa en los 40º norte o sur (en España, el paralelo 40º Norte pasa cerca de Coria, Talavera de la Reina, Aranjuez y Castellón de la Plana, para situarnos). Las personas que vivan al norte de esa latitud podrían tener más dificultad para sintetizar Vitamina D en otoño e invierno, especialmente. Por este mismo motivo, la radiación del sol es más potente en unas estaciones que en otras, dependiendo de que sea más o menos perpendicular y tenga que atravesar más o menos atmósfera. Por ese motivo, la concentración de vitamina D en la sangre varía en función de la época del año, y es posible que necesitemos un aporte extra en invierno, por ejemplo, y no en verano. La hora de exposición al sol también influye: el momento en el que el sol está más alto en el firmamento es en el que su acción es más intensa.  

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